domingo 3 de agosto de 2008

muerte para dummies

Los muertos no celebran funerales. Es irónico. Como si te fueras a Singapur un mes y cuando llegas tu familia te cuenta que hicieron una fiesta en tu honor donde todos se dedicaron a hablar bien de ti. "¿Pero qué dijeron?", preguntas tú, perplejo y con la maleta en la mano. Claro que no lo sabrás, no puedes saber, porque tú estás muerto y el que en vida te amó hizo de su cariño un magnífico suspenso que desembocó en tu ignorancia y su posterior aflicción. Muy literario, nada práctico.

Entonces un funeral es abrirle la puerta a la muerte y pedirle que pase a tomar un café y, ya que está en eso, darle permiso para que se termine de llevar el muerto, ese fiambre que tenemos en la sala envuelto en un mantel y necesitamos desesperadamente olvidar. Un funeral es para los dolientes, es la burocracia de decir adiós con flores y discursos. Ese día ella estará ahí, se sentará entre los asistentes y casi todos la intentarán ignorar, haciendo chistes o sirviendo bizcocho; pero algunos atrevidos, los viejos, niños y poetas, ignorarán el murmullo de las conversaciones, la buscarán tanteando entre las butacas, entre los jardines y, finalmente, cuando la encuentren, tomarán su mano profunda y le harán preguntas sin respuesta. Luego la muerte se marchará bajo la tácita promesa de volver.

Sin embargo, sí hay una manera de que el infeliz disfrute anticipadamente su funeral y brinde de una vez a la salud de la concurrencia (y si tiene algo de esperanza, a la suya propia). Lo único de escandaloso que tiene esta idea es que no es una costumbre, pero lo cierto es que muchas de nuestras tradiciones no son sino reminiscencias de la sobriedad medieval que a todas luces deberían ser abolidas. Planificar nuestro propio funeral debería ser una actividad maravillosa, apaciguadora, como el que escribe la palabra "Fin" en su obra maestra. Esa clase de sensación.

Lo primero es que el moribundo (o usted mismo, que no sabe si mañana tendrá un accidente fatal) planificará el evento de acuerdo a su personalidad. Personalmente, tengo una inclinación hacia los rituales egipcios, por lo que me gustaría que me enterraran con mis objetos más preciados (también me haría enterrar con mis allegados al mejor estilo faraónico, pero entonces nadie podría llevar a cabo el funeral de mis sueños). Para la recepción el futuro finado puede decidir la comida que se ofrecerá, si quiere música de fondo, dinámicas grupales para los dolientes (una ginkana mortuoria, para animar el espíritu*), románticos mensajes post-mortem audiovisuales e incluso los más rencorosos pueden decidir la lista de invitados.

Y sólo entonces podríamos sentir, en una extraña manera, que tenemos el control.

*Animar el espíritu, jeje, get it?

4 comentarios:

Anónimo dijo...

por lo general, todo primer párrafo de cualquier cosa es introductorio a lo siguiente que se leerá, no tiene relevancia, no tiene trascendencia, pero lo necesitas para dar cuerpo a lo que haces.

Extrañamente, éste primer párrafo me cautivó de manera exorbitante. Fue como un grito de desesperación pidiendo a cada persona que contaran lo que tienen dentro y sienten por cada uno de los que conoce. Es también una forma de disfrutar anticipádamente.

Me gusta la parte en que mientas la escena de invitar a la muerte a tomar café, y veo (en lo personal) la evolución de una idea en ello. No solo deberíamos invitarle un café, si no un par de copas de vez en cuando, porque como dijo un amigo mio alguna vez "la muerte está tan segura de su victoria, que nos dá toda una vida de ventaja".

Amé la imágen.

Pogo.

Generala Jazz dijo...

Yo tenía un profesor en bachillerato que siempre decía: si quieres madurar pronto, comienza a meditar sobre la muerte. Acertado.

Ahora, en lo personal considero que una de las partes más importantes de ese ritual final es el epitafio. El mejor que he leído hasta ahora es el de G. Marx: "Discupen que no me levante" Una frase sardónica que mata toda nostalgia.

elCapo dijo...

Yo a la muerte la he increpado, la he escupido, la he maldito y sólo me ha dado de vuelta un beso.

Los epitafios sí que son un problema. Yo no me decido.

Anónimo dijo...

También un amigo dijo una vez "lucharé hasta el último momento y mi epitáfio dirá no estoy de acuerdo"

El epitafio es el resumen de nuestras vidas.

Pogo

Blog Widget by LinkWithin

foh!

la güircha que escribe esto

Mi foto
araya goitia leizaola
Ver todo mi perfil